Secretos

El secreto es como un ave que anida en el interior de los grupos humanos. Vuela libre dentro de ellos y, cuando extiende su vuelo más allá de las fronteras que los definen, lo hace a gran altura para mantenerse inalcanzable.
 
 
Toda relación de pertenencia está basada en un secreto que define y protege las fronteras de su espacio de intimidad. Nuestra identidad individual, que nos define y nos diferencia de los demás, también necesita un espacio de intimidad, protegido por el secreto.

De ahí que, cuando participamos en los grupos humanos, necesitamos preservar nuestro secreto individual, al tiempo que, de la interacción, surge un nuevo secreto. Al compartir en el grupo algo que es valioso para todos nosotros, que nos da identidad, necesitamos preservarlo mediante el secreto, manteniéndolo inaccesible para los demás.

Nuestro secreto individual no lo compartimos con nadie, pues protege nuestra intimidad. En cambio, los secretos colectivos son compartidos. Pero sólo entre los miembros del grupo: los que somos. Nunca permitiremos que sea accesible para los que no son. Esto nos da un sentido de “nosotros” que confirma nuestra pertenencia al grupo.

De este modo, somos porque lo valioso que sucede entre nosotros, no sale de entre nosotros. O en el caso de una pareja, porque lo valioso que sucede entre tú y yo, no sale de entre tú y yo. Este secreto es la base de la lealtad mutua, que sostiene la pertenencia.

Por tanto, el secreto forma parte de nosotros, y nosotros somos parte de él. Somos gracias a él. Sin el secreto, nuestra identidad individual desaparecería al relacionarnos con los demás. Del mismo modo, la pareja desaparecería al relacionarse con la familia. La familia desaparecería al relacionarse con otros grupos, y así sucesivamente.

Quienes compartimos un secreto, en cualquier circunstancia y lugar, podemos construir al instante un espacio de intimidad compartido, exclusivamente nuestro. Incluso fuera de nuestro territorio habitual, o en presencia de personas ajenas. Pero lo haremos de una forma especial. Inventaremos un lenguaje propio, compartido, comprensible sólo por nosotros, hecho a base de guiños, miradas y gestos de íntima complicidad. Sólo nosotros sabremos el significado de nuestro intercambio secreto. Jamás lo desvelaremos a los demás, para seguir siendo nosotros, y distintos de los demás.

La lealtad al secreto fortalece la confianza mutua entre quienes lo compartimos. Si desveláramos el secreto, traicionaríamos el espacio que nos define y nos da identidad. Dejaríamos de ser exclusivos y diferentes. Como el dique que cede, el secreto desvelado dejaría que el agua anegara el espacio compartido, arrasando nuestra intimidad y destruyendo nuestra identidad.

Esto es lo que sucede cuando alguien altera la naturaleza valiosa de lo que está protegido por el secreto. Entonces, la confianza, la lealtad y la complicidad que nos une, se derrumban ante la traición, dando paso a una nueva complicidad con el abuso, basada en el silencio y el miedo.

En torno a este oscuro escenario, surge un nuevo secreto, distinto del anterior. Callar, seguir como si no hubiera pasado nada, se convierten ahora en las nuevas reglas del juego. Pero cuando el secreto es impuesto, deja de actuar como tal. En lugar de preservar el valor de lo protegido, ahora sirve para encubrir a quien impone el secreto.

Este nuevo nosotros, basado en la desigualdad, adopta su propio lenguaje. Las miradas de complicidad, que antes veían abrirse de par en par otros ojos, al encuentro con los suyos, ahora ven complacientes, párpados que caen a su alrededor, ocultando miradas perdidas, y labios que quedan sellados, paralizados por el miedo.

Ninguno lo podemos nombrar, pero en realidad, todos sabemos. Sabemos lo que me hiciste, lo que hiciste a uno de los nuestros, lo que los tuyos hicieron a los míos. Aunque hayan pasado casi ochenta años. Sabemos, pero callamos, por miedo a que la historia se repita de nuevo. Sabemos que, cuando uno de los nuestros comete un abuso, lo que nos mantiene a salvo a todos es que nadie pronuncie ni una sola palabra relacionada con lo que ahora es secreto.

Con el tiempo, tanto quiebro para no nombrar la realidad, acaba enloqueciéndonos a todos. Acabamos llamando olvido al silencio. Pero no hemos olvidado, pues tras cada palabra prohibida, se abre un abismo de silencio, miradas escrutadoras, disimulo y miedo. Sólo los que somos comprendemos. Pero los que no son no lo entienden. Sólo así podemos seguir viviendo como si no pasara nada.

Sucumbimos a irrealidades impuestas, porque seguimos siendo leales a nuestro verdadero secreto: el que protege nuestra identidad. Sobre todo cuando es lo único valioso que tenemos. Sólo así podemos pasar por alto los abusos, y seguir siendo cómplices de falsos secretos. Silencio.
 

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias

meditación guiada en Madrid dijo...

Gracias buen artículo, los secretos son parte del ser humano y creo que forman parte del miedo q todos llevamos dentro, dicen q la verdad es más poderosa que la mentira, así q no hagamos secretos de la vida.

Anónimo dijo...

Creo que no lo he entendido...

Anónimo dijo...

Hola. José, nos faltan tus escritos y tus reflexiones. Nos falta algo.

José Gómez dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios.

Anónimo: agradezco especialmente tu mensaje expresándome que echas de menos nuevas reflexiones en el blog, pues me das la oportunidad de explicarlo. Se trata sólo de un paréntesis, que espero que dure poco tiempo. En este momento, necesito estar concentrado en un proyecto importante, que requiere gran cantidad de mi tiempo y dedicación.
Mientras tanto, continúo trabajando para el blog masconciencia, pues sigo recopilando nuevas ideas, y en cuanto disponga del tiempo y el sosiego necesarios, las iré desarrollando y publicando. Espero que sea lo antes posible.
Pido disculpas por no haberlo comunicado, y agradezco vuestra paciencia y vuestro apoyo.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Hola José, pasa el tiempo y sigo esperando con ilusión tus escritos. Sólo deseo que todo te vaya como tú esperas. Que tus proyectos se hagan realidad, y que pronto volvamos a re-encontranos en esta conexión. Un abrazo esperanzado

José Gómez dijo...

Hola Anónimo. Gracias por tu mensaje. Espero poder retomar la escritura en el blog en mayo o junio. Mientras tanto, agradezco vuestra paciencia y vuestro apoyo.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Un abrazo José, hasta pronto.
Gracias por todo.
GRACIAS

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