Humanizar la ciencia

El humanismo no surgió en contra de la ciencia, sino para compensar la deshumanización a que estaba llegando la psicología en su empeño por querer ser una ciencia.


La psicología se empeñó en ser una ciencia porque tuvo envidia de la física. Y porque no quería ser menos que la medicina, que le llevaba la delantera. Al ver cómo la física utilizaba la ciencia sobre los objetos, la medicina y la psicología decidieron aplicarla a los sujetos: seres humanos. Obviaron que el ser humano, como todos los seres vivos, es mucho más que un objeto regido por leyes físicas.

Gracias a la ciencia, ambas disciplinas han conseguido importantes avances para la humanidad. Sin embargo, a medida que consolidaban su nuevo estatus científico, sus aspiraciones fueron cambiando. No les bastaba con descubrir las causas del funcionamiento humano, sino que empezaron a manipular sus efectos. Creyeron que con la ciencia llegarían a controlar el funcionamiento de la vida. Atribuyeron a la ciencia el poder de salvar vidas, como si la vida dependiera de la ciencia.

A partir de entonces, la psicología dejó de interesarse por todo lo humano que no fuera homologable por la ciencia, que pasó a ser su principal objetivo. Se sumó así a un cientificismo reduccionista, dogmático y excluyente al que, para confusión de todos, siguieron llamando ciencia.

Esta nueva versión de la ciencia se ha vuelto omnipotente, como las células cancerosas. Se expande sin límites, queriendo apropiarse de todo: de lo humano, de la ciencia y de la vida. Pero por mucho que se empeñe, la ciencia sigue siendo la parte y la vida es el todo. La parte pretende convertirse en el todo para así poder explicarlo y controlarlo, que es lo que se espera de una ciencia.

A esta ciencia le falta humildad. Como no acepta que la vida tiene reglas que no están a su alcance, sólo admite el método científico para validar la realidad. Como un tribunal inquisitorial, cuestiona a quien pretende acercarse al ser humano sin ceñirse a sus postulados, tachándolo de pseudocientífico o anticientífico. No sabe convivir con lo acientífico, pues no admite nada más allá de su ciencia.

Sin embargo, el método científico no demuestra ninguna realidad. Tan sólo sirve para confirmar o descartar una hipótesis establecida por el propio investigador. Cualquier circunstancia de la realidad que no forme parte de una hipótesis a contrastar, seguirá siendo ignorada por la ciencia. Aunque exista y sea cierta. Aún así, la psicología científica sólo admite, respecto al ser humano, aquello que ha sido validado científicamente. Cuando lo único que es científico es el método empleado.

La psicología difícilmente podrá ser una ciencia. El método científico es insuficiente para explicar el funcionamiento íntegro del ser humano. En un ser vivo y su contexto pueden actuar simultáneamente un gran número de variables interrelacionadas, muchas de ellas intangibles y difíciles de identificar. Los estudios experimentales manipulan algunas de ellas e inventan ingeniosas formas para controlar a las demás, algo muy difícil de conseguir en un ser vivo y que origina agrias polémicas entre científicos.

Pero la cuestión principal aún no está resuelta, a pesar de que pone en evidencia el carácter de ciencia que pretende tener la psicología: ¿cómo está relacionado lo tangible y lo intangible? Para encontrar la relación entre ambos elementos no hay que excluir a ninguno de ellos. Es obvio. Pero la ciencia se empeña en poner condiciones a la realidad y sólo tiene en cuenta uno de ellos: lo empírico, lo tangible, lo objetivamente constatable. Esto excluye al otro, con lo cual, lo intangible seguirá siendo inalcanzable para la ciencia. Aunque no para la vida ni para el ser humano.

La psicología científica continúa con su huida hacia delante, siguiendo los pasos de la medicina. Se ha aliado con ella en lo único en que pueden coincidir: el cerebro. De esta unión surge la neurociencia. Han decidido buscar en el sistema nervioso la relación entre lo tangible y lo intangible, Pero el método sigue siendo el mismo: la ciencia. Y el ámbito de la búsqueda también: sólo lo tangible.

Las técnicas de neuroimagen permiten cumplir el sueño de los psicólogos del siglo pasado: manipular el cerebro humano y observar qué sucede en su interior. Se han superado así los problemas éticos que impedían hacerlo con las técnicas de antaño. Millones de animales sufrieron las consecuencias. Los científicos ahora están entusiasmados, viendo colorines en las zonas del cerebro que se activan mientras una persona piensa, siente o imagina. Sin embargo, ¿es posible encontrar en algún lugar del organismo lo pensado, lo sentido o lo imaginado: lo intangible? Dicen que ahí la ciencia aún no ha llegado, pero ¿es la ciencia el método adecuado para poder llegar ahí? ¿Cuántos centímetros tiene que tener una regla para medir la temperatura? Creen que lo conseguirán. Pero cuanto más se aferran a la ciencia más se alejan del ser humano, al que siguen tratando como una máquina biológica sin alma.

La vida humana es inabarcable por la ciencia. Desarrollar más conciencia está al alcance de todo ser humano. En la conciencia cabe lo tangible y lo intangible. Estar en contacto con ambos da sentido a la vida. La psicología humanista no aspira a salvar vidas ni a explicar nada, sino a reconectar al ser humano con sí mismo y con la vida. E incluso con la muerte. No es científica ni lo pretende ser. Se interesa por algo de lo que la ciencia se aleja: el ser humano. El único que puede humanizar la ciencia.

Imagen: CelestinoComix